martes, 31 de octubre de 2017

Lutero, gran hereje - P. José María Iraburu

La tesis de que la decadencia moral de la Iglesia, bajo los Papas renacentistas, había llegado a un extremo intolerable, y que Lutero encabezó a los «protestantes» contra esta situación, exigiendo una «reforma», es falsa y ningún historiador actual es capaz de sostenerla.

San Ignacio de Loyola venciendo a Lutero 

Iglesia de San Nicolás en Praga



Actualidad de Lutero.– El próximo 31 de octubre se cumplirá un nuevo aniversario de las 95 tesis clavadas en 1517 por Lutero en la puerta de la iglesia del palacio de Wittenberg. Son varias las publicaciones recientes sobre Lutero, en las que se le muestra como enamorado de la Biblia y difusor de la misma en el pueblo, reformador de una Iglesia romana corrompida en su tiempo, etc. Parece, pues, oportuno hacer algunas verificaciones.

No fue reformador de costumbres, sino de doctrinas.– La tesis de que la decadencia moral de la Iglesia, bajo los Papas renacentistas, había llegado a un extremo intolerable, y que Lutero encabezó a los «protestantes» contra esta situación, exigiendo una «reforma», es falsa y ningún historiador actual es capaz de sostenerla. Entre otras razones, porque el mismo Lutero desecha esa interpretación de su obra en numerosas declaraciones explícitas. «Yo no impugno las malas costumbres, sino las doctrinas impías». Y años después insiste en ello: «Yo no impugné las inmoralidades y los abusos, sino la sustancia y la doctrina del Papado». «Entre nosotros –confesaba abiertamente–, la vida es mala, como entre los papistas; pero no les acusamos de inmoralidad», sino de errores doctrinales. Efectivamente, «bellum est Luthero cum prava doctrina, cum impiis dogmatis» (Melanchton).

Exurge Domine - Bula condenando los errores de Martín Lutero - León X

Exsurge Domine
Bula del Papa León X
15 de junio de 1520
Condenando los Errores de Martín Lutero



Levantaos, Señor, y juzgad Vos mismo vuestra propia causa. Recordad vuestras censuras a los que están llenos de insensatez todo el día. Escucha nuestras plegarias, pues los zorros avanzan, tratando de destruir la viña en cuyo lagar sólo Vos habéis pisado. Cuando estabais cerca de subir a Vuestro Padre, entregasteis el cuidado, el gobierno y la administración de la viña, que es una imagen de la Iglesia Triunfante, a Pedro, como cabeza y vuestro vicario y a sus sucesores. El jabalí del bosque busca destruirla y toda bestia salvaje viene a devastarla.

Levantaos, Pedro, y realizad el servicio pastoral divinamente confiado a vos, como ya se ha dicho. Prestad atención a la causa de la Santa Iglesia Romana, madre de todas las iglesias y maestra de la fe, que vos por orden de Dios, santificasteis con vuestra sangre. Avisasteis bien de que vendrían falsos maestros en contra de la Iglesia Romana, para introducir sectas ruinosas, atrayendo sobre ellas rápidas condenas. Sus lenguas de fuego, son un mal incansable, lleno de veneno mortal. Ellos tienen un celo amargo, la discordia en sus corazones, y se jactan y mienten en contra de la verdad.

Te suplicamos también a vos, Pablo, para que os levantéis. Fuisteis vos quien esclareció e iluminó a la Iglesia con vuestra doctrina y con vuestro martirio, como el de Pedro. Ahora, se ha presentado un nuevo Porfirio quien, como el otro del pasado, lleno de errores, asedió a los santos apóstoles, y ahora ataca a los santos pontífices, nuestros predecesores.

Él los condena violando vuestra enseñanza, en vez de implorarles y no tiene pudor de atacarlos, de lamentarse de ellos, y cuando se desespera de su causa, de menospreciarlos con insultos. Él es como los herejes “cuya última defensa”, como dice Jerónimo, “se ponen a vomitar veneno de serpiente con su lengua, cuando ven que sus causas están para ser condenadas, y estallan en insultos cuando se ven vencidos”. Aunque hayáis dicho que debería haber herejías para poner a prueba la fe, aun así ellos deben ser destruidos en la propia cuna por vuestra intercesión y ayuda, y así, no crecerán ni se harán fuertes como vuestros lobos.

¿Las 95 tesis de Lutero?

* El 31 de octubre de 1517 un joven monje agustino llamado Martín Lutero clavó en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg «Noventa y cinco tesis sobre las indulgencias». Aunque su intención era someter a discusión el texto de acuerdo con la práctica académica de la época, la acción fue interpretada como un desafío a la jerarquía eclesiástica.



§     Ni fueron 95, el manuscrito no llevaba numeración y la primera que se hizo fue inconsistente [1]
§     Ni fueron tesis: alguna hay, otras son oraciones, ironías… [2]
§     Ni siguieron la práctica académica de la época[3]: las tenía que colgar el bedel en varias sedes [4]
§     Ni el 31 de octubre clavó nada en la puerta de iglesia alguna.
Este cúmulo de lugares comunes pertenece a la contraportada del libro de un famoso radiotelepredicador español que se arroga la misión de culturizar al españolito medio. A su favor está que esta vez no dice que las tesis estaban ya impresas y nos ahorra la presencia de Juan Agrícola al medio día [5]. Lógicamente la portada del libro son las «puertas de la Iglesia del Palacio de Wittenberg »
La historieta, símbolo y motivo de que el 31 de octubre se celebre el «Día de la Reforma» no es atribuible a Lutero, y desde la publicación en los 60 de las biografías del alemán por Iserloh y Honselmann –recogidos en español por R. G. Villoslada– no la mantienen ni siquiera los luteranos medianamente leídos.
Quizá lo más exacto, pero menos romántico, sea decir que el 31 de octubre de 1517 fray Martin Lutero envió una carta al arzobispo de Maguncia protestando por la predicación de Tetzel. Eso sí que lo confirma Lutero. No deja de ser curioso que un personaje tan dado a contar batallitas no mencionase en ninguno de sus escritos un suceso tan trascendente como la afixión pública de las tesis en la ‘Schlosskirche‘ de Wittenberg.
El mito tiene su origen en en el prefacio que escribió Philipp Melanchthon para el segundo volumen de las obras completas en 1546, ya muerto Lutero. Parece ser que Melanchton fue una buena persona, pero es un mediocre teólogo y un pésimo historiador. Desde luego no se distingue por su ‘exactitud’ a la hora de referir detalles de la vida de Lutero [6].

lunes, 30 de octubre de 2017

No nos equivoquemos. La verdadera urgencia está ahí: encontrar el sentido de Dios - Card. Robert Sarah

Entrevista al Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

El Cardenal Robert Sarah concedió una entrevista a  Christophe Geffroy, director de La Nef   con motivo de la publicación de su nuevo libro con Nicolas Diat [1]. Libro magnífico, de notable altura espiritual, que nos hace entrar en el corazón del misterio de Dios: el silencio, necesario para todo encuentro con el Señor, en la vida interior y en la liturgia. Encuentro con un hombre habitado por Dios.



Este libro que usted propone a los lectores es una auténtica meditación espiritual sobre el silencio: ¿por qué se ha lanzado a una reflexión tan profunda que no se esperaría habitualmente de un Prefecto de la Congregación para el Culto divino, responsable de cuestiones muy concretas de la vida de la Iglesia?

«El primer lenguaje de Dios es el silencio». Comentando esta rica y bonita intuición de san Juan de la Cruz, Thomas Keating, en su obra Invitation to love escribe: «Todo lo demás es una pobre traducción. Para entender este lenguaje, debemos aprender a ser silenciosos y a descansar en Dios».
Es hora de encontrar el verdadero orden de las prioridades. Es hora de volver a poner a Dios en el centro de nuestras preocupaciones, en el centro de nuestro obrar y de nuestras vidas, en el único lugar que debe ocupar. Así, nuestro camino cristiano podrá gravitar alrededor de esa Roca, estructurarse en la luz de la fe y alimentarse en la oración, que es un momento de encuentro silencioso e íntimo donde el hombre se ve cara a cara con Dios para adorarle y expresarle su amor filial.
No nos equivoquemos. La verdadera urgencia está ahí: encontrar el sentido de Dios. Donde el Padre no se deja acercar más que en el silencio. La Iglesia es la que más lo necesita hoy día: no una reforma administrativa, ni un programa pastoral más, ni un cambio estructural. El programa ya existe: es el de siempre, sacado del Evangelio y de la tradición viva. Está centrado en el mismo Cristo al que debemos conocer, amar, imitar, para vivir en Él y por Él, transformar nuestro mundo que se degrada porque los hombres viven como si Dios no existiese. Como sacerdote, como pastor, como Prefecto, como Cardenal, mi prioridad es decir que solo Dios puede colmar el corazón del hombre.
Creo que somos víctimas de la superficialidad, del egoísmo y del espíritu mundano que propaga la sociedad mediatizada. Nos perdemos en luchas de influencia, en conflictos de personas, en un activismo narcisista y vano. Nos hinchamos de orgullo, de pretensión, prisioneros de una voluntad de poder. Por títulos, cargos profesionales o eclesiásticos, aceptamos viles compromisos. Pero todo eso pasa como el humo. En mi nuevo libro, he querido invitar a los cristianos y a los hombres de buena voluntad a entrar en el silencio; sin él, nos quedamos en mera ilusión. La única realidad que merece nuestra atención es Dios mismo, y Dios es silencioso. Y espera nuestro silencio para revelarse. Encontrar el sentido del silencio es, pues, una prioridad, una necesidad, una urgencia. El silencio es más importante que cualquier otra obra humana. Porque expresa a Dios. La verdadera revolución viene del silencio, que nos lleva a Dios y a los demás para ponernos humildemente a su servicio.

¿Por qué la noción de silencio es tan esencial para usted? ¿El silencio es necesario para encontrar a Dios? ¿Y en qué «es la más grande libertad del hombre» (n. 25)? En cuanto «libertad», ¿el silencio es una ascesis?

Espiritualidad Bíblica 7 - Biblia y psicoanálisis - Mons. Dr. Juan Straubinger

1.7. BIBLIA Y PSICOANALISIS



I

El grande, el sumo psicoanálisis está en la Biblia, pues ella y sólo ella nos enseña a desnudar enteramente el corazón, y sólo con sus luces de espíritu aprendemos a ser del todo sinceros con nosotros mismos.

Frente a la sabiduría de la Biblia no hay complejos, porque en ella habla Dios que conoce “lo íntimo del corazón" (Salmo XLV, 22). Ella descubre nuestros complejos y los resuelve de un modo definitivo. Ella escudriña el corazón para indicar a cada cual su camino (Jer. XVII, 10). Ella sabe nuestros íntimos pensamientos (Jer. XX, 12); pone a prueba los corazones (I Par. XXIX, 17; Jer. XII, 3); los pesa (Prov. XXI, 2) y luego los inclina a la solución que les conviene (ibid.1): los ilumina como luz que resplandece entre tinieblas (II Cor. IV, 6); los alimenta (Salmo XXVI, 14) y termina su obra renovándola por completo (Salmo L, 12) y dándoles firmeza definitiva (I Tes. III, 13).

Una sola cosa exige este gran maestro, lo mismo que exige todo psicoanalista: sinceridad. Esto le basta. Y hay más aún: así como, según el refrán, el que se excusa se acusa, así también -lo que es mejor—, frente a la Biblia el que se acusa se excusa.

Si alguna vez no encontramos soluciones y consuelo en la Escritura, es porque buscamos estar satisfechos de nosotros mismos y "quedar bien" con nuestro amor propio. En este caso nunca quedamos satisfechos, pues siempre vemos asomar nuestras miserias y errores. En cuanto confesamos eso, en cuanto nos resignamos a saber que no somos buenos, nos vuelve a la alegría, como se ve en el Salmo XXXI, 4 ss.

La Biblia nos dice entonces: ¿Qué importa si no fuiste bueno hasta hoy? ¿No ves que yo tengo la parábola de los obreros de la última hora (Mat. XX, 8) que lo pasan aún mejor que los primeros? ¿No recuerdas el caso de Magdalena (Luc. VII, 43-47), donde yo muestro que el que más ama es aquel a quien más hubo que perdonarle? Si hay quien limpia tus ropas y las deja como la nieve (Salmo L, 9) ¿qué importa que su suciedad fuese mucha o poca?

II

domingo, 29 de octubre de 2017

Indulgentiarum Doctrina - Pablo VI

CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA
INDULGENTIARUM DOCTRINA
DE SU SANTIDAD
PABLO VI
SOBRE LA REVISIÓN DE LAS INDULGENCIAS
1 de enero de 1967

Pablo Obispo,
Siervo de los siervos de Dios,
en memoria perpetua de este acto
 



I
1. La doctrina y uso de las indulgencias, vigentes en la Iglesia católica desde hace muchos siglos están fundamentados sólidamente en la revelación divina, [1] que, legada por los Apóstoles "progresa en la Iglesia con la asistencia del Espíritu Santo", mientras que "la Iglesia en el decurso de los siglos, tiende constantemente a la plenitud de la verdad divina, hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios" [2].
Sin embargo, para el correcto entendimiento de esta doctrina y de su saludable uso es conveniente recordar algunas verdades, en las que siempre creyó toda la Iglesia, iluminada por la palabra de Dios, y los Obispos, sucesores de los Apóstoles, y sobre todo los Romanos Pontífices, sucesores de Pedro, han venido enseñando y enseñan, bien por medio de la praxis pastoral, bien por medio de documentos doctrinales, a lo largo de los siglos.

2. Según nos enseña la divina revelación, las penas son consecuencia de los pecados, infligidas por la santidad y justicia divinas, y han de ser purgadas bien en este mundo, con los dolores, miserias y tristezas de esta vida y especialmente con la muerte [3], o bien por medio del fuego, los tormentos y las penas catharterias en la vida futura [4]. Por ello, los fieles siempre estuvieron persuadidos de que el mal camino tenía muchas dificultades y que era áspero, espinoso y nocivo para los que andaban por él [5].
Estas penas se imponen por justo y misericordioso juicio de Dios para purificar las almas y defender la santidad del orden moral, y restituir la gloria de Dios en su plena majestad. Pues todo pecado lleva consigo la perturbación del orden universal, que Dios ha dispuesto con inefable sabiduría e infinita caridad, y la destrucción de ingentes bienes tanto en relación con el pecador como de toda la comunidad humana. Para toda mente cristiana de cualquier tiempo siempre fue evidente que el pecado era no sólo una trasgresión de la ley divina, sino, además, aunque no siempre directa y abiertamente, el desprecio u olvido de la amistad personal entre Dios y el hombre [6], y una verdadera ofensa de Dios, cuyo alcance escapa a la mente humana; más aún, un ingrato desprecio del amor de Dios que se nos ofrece en Cristo, ya que Cristo llamó a sus discípulos amigos y no siervos[7].

Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario 28 - Levántate - San Manuel González García

LEVÁNTATE
(Mt 9,6)




He registrado el Evangelio y he visto que no es sólo un libro de contemplación, sino también un programa de acción y ¡qué completo, qué arriesgado y a la par qué indulgente con nuestra flaqueza!
Corazón de mi Jesús Sacramentado, aquí tienes de rodillas ante tu Sagrario un aprendiz: ¡enséñale a hacer según tu programa!

¡Levántate!
Es la primera lección.
¡Con qué relieve aparece ante mis ojos ésa que después de todo es una verdad de sentido común!: que para andar aunque sea un solo paso es menester levantarse. ¡Cómo despierta en mi alma ese levántate del Maestro tempestades de recuerdos y de remordimientos...!
El «levántate» que hacía andar a los paralíticos, despertaba a los dormidos y echaba fuera de sus tumbas a los muertos, ¿qué ha conseguido de mí? Porque es cierto que a mi oído ha llegado más de una vez en los buenos ratos que siguen a una fervorosa Comunión o acompañan a una visita al Sagrario, el «levántate» de aquellos milagros y también es cierto que después he seguido cojeando con una vida de frecuentes caídas y recaídas, o me he vuelto a dormir en el sueño de la tibieza o ¡qué pena! me he vuelto a morir y me han llevado otra vez a la tumba...

¡Qué diferencia, tan deshonrosa para nosotros, entre los curados del Evangelio y los curados del Sagrario! Allí, al «levántate» de tu misericordia y de tu poder dicho una sola vez, respondían los hombres con el salto de su curación radical y de su vida nueva; aquí, al «levántate» de tu amor paciente repetido tantas veces cuantas horas tiene el día y cuantos hijos tienes en cada Sagrario, respondemos unas veces con el bostezo del perezoso, otras con el encogimiento de hombros del indiferente, cuando no con nuevas ofensas e ingratitudes.

Sin levantarse no se anda

sábado, 28 de octubre de 2017

Domingo XXX (ciclo a) Guión Litúrgico




Entrada:
La participación en el Santo Sacrificio del altar es el acto de amor más grande que podemos ofrecer a Dios, en unión con Cristo, si hacemos junto a Él oblación de nuestra persona.
Nos disponemos a iniciar la Santa Misa poniéndonos de pie y cantando…

Lecturas:

Domingo XXX (ciclo a) Catena Aurea




Mateo 22, 34-40
Mas los fariseos cuando oyeron que había hecho callar a los saduceos, se juntaron a consejo; y le preguntó uno de ellos, que era doctor de la ley, tentándole: "Maestro, ¿cuál es el grande mandamiento en la ley?" Jesús le dijo: "Amarás al Señor, tu Dios, de todo tu corazón y de toda tu alma y de todo tu entendimiento. Este es el mayor y el principal mandamiento. Y el segundo, semejante es a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas".

San Jerónimo
Como los fariseos habían sido confundidos en la presentación de la moneda, y vieron que se había levantado una facción en la parte contraria, debían con esto haberse decidido a no presentar nuevas asechanzas. Pero la malicia y la envidia fomentan muchas veces el atrevimiento. Por esto dice: "Mas los fariseos cuando oyeron que había hecho callar", etc. 

Orígenes, homilia 23 in Matthaeum
Jesús impuso silencio a los saduceos, queriendo demostrar que la luz de la verdad había hecho enmudecer la voz de la mentira. Así como es propio del hombre justo callar cuando es tiempo de callar, y hablar cuando se debe hablar, pero nunca enmudecer, así también es propio de los doctores de la mentira, enmudecer en cuanto a la cuestión, pero no callar. 

San Jerónimo
Los fariseos, por lo tanto, y los saduceos que eran enemigos entre sí, están conformes en cuanto se trata de tentar a Jesucristo, unidos por un mismo fin.

viernes, 27 de octubre de 2017

Doctrina sobre las indulgencias y el modo de ganarlas

DOCTRINA SOBRE LAS INDULGENCIAS
Y EL MODO DE GANARLAS

(Del Catecismo de la Iglesia Católica
Y el Código de Derecho Canónico)


Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica

312. ¿Qué son las indulgencias?
1471-1479
1498
Las indulgencias son la remisión ante Dios de la pena temporal merecida por los pecados ya perdonados en cuanto a la culpa, que el fiel, cumpliendo determinadas condiciones, obtiene para sí mismo o para los difuntos, mediante el ministerio de la Iglesia, la cual, como dispensadora de la redención, distribuye el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos.

Catecismo de la Iglesia Católica

1471. La doctrina y la práctica de las indulgencias en la Iglesia están estrechamente ligadas a los efectos del sacramento de la Penitencia.

Qué son las indulgencias

“La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados, en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia, la cual, como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los santos.”

“La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.”

“Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias”.

Las penas del pecado

Christi Matri - súplicas a la Santísima Virgen para el mes de octubre - Pablo VI

Carta Encíclica
Christi Matri
PABLO VI
Se ordenan súplicas a la Santísima Virgen
para el mes de octubre
15 septiembre 1966



A los venerables hermanos
Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos
y demás ordinarios de lugar en paz
y comunión con la Sede Apostólica

Venerables hermanos: salud y bendición apostólica.

Motivos de grave preocupación

1. A la Madre de Cristo suelen los fieles entretejer con las oraciones del rosario místicas guirnaldas durante el mes de octubre. Aprobándolo en gran manera, a ejemplo de nuestros predecesores, invitamos este año a todos los hijos de la Iglesia a ofrecer a la misma Beatísima Virgen peculiares homenajes de piedad. Pues está próximo el peligro de una más extensa y más grave calamidad, que amenaza a la familia humana, ya que sobre todo en la región del Asia Oriental se lucha todavía cruentamente y se enardece una laboriosa guerra; somos impulsados para que, en cuanto de Nos depende, de nuevo y más vigorosamente tratemos de salvaguardar la paz. Perturban también el ánimo los acontecimientos que se sabe han sucedido en otras regiones, como la creciente competencia de las armas nucleares, el insensato deseo de dilatar la propia nación, la inmoderada estima de la raza, el ansia de derribar las cosas, la desunión impuesta a los ciudadanos, las malvadas asechanzas, las muertes de inocentes; todo lo cual puede ser origen de un sumo mal.

Continua actividad por la paz

jueves, 26 de octubre de 2017

Manual de Indulgencias - Penitenciaría Apostólica

ENCHIRIDION INDULGENTIARUM
Penitenciaría Apostólica

Normas, Concesiones
y Principales Oraciones del Cristiano



PRESENTACIÓN
El presente libro aparece como la versión castellana oficial de la segunda edición del “Enchiridion Indulgentiarum” que vio la luz, con su editio typica altera, en 1986.
Este Enchiridion es en primer lugar una “confessio fidei”. Confesión de fe en la Redención obrada por Cristo, que nos hace capaces de obrar meritoriamente y participar así, activamente, pese a nuestra debilidad y sin detrimento alguno de la gratuidad del Don de Dios, en la obra de la salvación universal. Si algo queda claro en estas páginas es que la “indulgencia” no es una alternativa a las obras impulsadas por la Caridad teologal, sino un acicate o una confirmación de las mismas, un impulso para actuar libre y voluntariamente según el Espíritu Santo.
Pero esta confesión de fe abarca también el misterio de la Iglesia como cuerpo de Cristo. Las indulgencias nos hacen vivir el dogma de la comunión de los Santos. Dogma que cobra una singular actualidad, unido al misterio de la Redención, cuando nos disponemos a emprender el camino, marcado por el Santo Padre en su carta “Tertio Millennio Adveniente”, hacia el Jubileo del año 2000. La eclesiología de Comunión del Concilio Vaticano II y la presentación de la Iglesia como Pueblo ministerialmente estructurado encuentran en la doctrina del Cuerpo Místico y en la verdad de la comunión de los santos su trama teológica y su fundamentación vital y vivificante.
El “Manual de Indulgencias” nos invita también, muy seriamente, a pasar de la “confessio fidei” a la “confessio peccatorum”. Este libro es una llamada a la conversión. Una llamada no sólo a oponernos al pecado en nuestra vida y en la convivencia social, sino a luchar contra sus nefastas consecuencias. Y a luchar confiadamente, apoyados en el tesoro de los méritos de Cristo y contando con la solidaridad de toda la Iglesia. Las “Indulgencias” que el Santo Padre concede, con la potestad recibida de Cristo, secundando la acción del Espíritu Santo en la Iglesia, ponen de manifiesto el carácter absolutamente gratuito de la remisión de los pecados y de la salvación.

Ingravescentibus malis - Acerca del Santo Rosario de la Santísima Virgen - Pío XI

Carta Encíclica
Ingravescentibus malis
PÍO XI
Acerca del Santo Rosario de la Santísima Virgen
29 de septiembre de 1937

María y la historia de la Iglesia - Los peligros del mundo moderno - Erigir la confianza en Dios - Las plegarias a María. El Santo Rosario - El Rosario es eficaz remedio contra los males presentes - El Rosario en familia



1. Introducción
No solamente una vez hemos afirmado —como recientemente lo hemos hecho en la Carta Encíclica Divini Redemptoris—, que a los males cada vez más graves de nuestro tiempo no se puede dar otro remedio que el del retorno a Nuestro Señor Jesucristo y a sus santísimos preceptos. Sólo Él tiene palabras de vida eterna (Juan 6, 69. ); y ni los individuos ni la sociedad pueden hacer cosa alguna que pronto y miserablemente no decaiga, si dejan aparte la majestad de Dios y repudian su ley.
Mas quien estudie con diligencia los anales de la Iglesia Católica, fácilmente verá unido a todos los fastos del nombre cristiano el poderoso patrocinio de la Virgen Madre de Dios.

2. María y la historia de la Iglesia
Y en efecto, cuando los errores difundiéndose por doquiera se obstinaban en dilacerar la túnica inconsútil de la Iglesia y en perturbar el orbe católico, nuestros padres con ánimo confiado se dirigieron a aquélla que sola ha destruido todas las herejías del mundo (1), y la victoria alcanzada por medio de Ella trajo tiempos más serenos.
Y cuando el impío poder mahometano, confiando en poderosas flotas y en ejércitos aguerridos, amenazaba con la ruina y la esclavitud a los pueblos de Europa, entonces por insinuación del Sumo Pontífice se imploró fervorosamente la protección de la Madre Celestial, y los enemigos fueron derrotados y sus navíos sumergidos.
Y como en las calamidades públicas así también en sus necesidades privadas, los fieles de todas las épocas se dirigieron suplicantemente a María, para que ella, tan benigna, acudiese en su socorro, impetrando alivio y remedio para los dolores del cuerpo y del alma. Y nunca fue esperada en vano su poderosa ayuda por los que la imploraron con piadosa y confiada plegaria.

3. Los peligros del mundo moderno

miércoles, 25 de octubre de 2017

Cartas del diablo a su sobrino XXIX - C.S. Lewis



XXIX
Mi querido Orugario:
Ahora que es seguro que los humanos alemanes van a bombardear la ciudad de tu paciente y que sus obligaciones le van a mantener en el lugar de máximo peligro, debemos pensar nuestra política. ¿Hemos de tomar por objetivo la cobardía o el valor, con el orgullo consiguiente... o el odio a los alemanes?
Bueno, me temo que es inútil tratar de hacerle valiente. Nuestro Departamento de Investigación no ha descubierto todavía (aunque el éxito se espera cada hora) cómo producir ninguna virtud. Esta es una grave desventaja. Para ser enorme y efectivamente malo, un hombre necesita alguna virtud. ¿Qué hubiera sido Atila sin su valor, o Shylock sin abnegación en lo que se refiere a la carne? Pero como no podemos suministrar esas cualidades nosotros mismos, sólo podemos utilizarlas cuando las suministra el Enemigo; y esto significa dejarle a Él una especie de asidero en aquellos hombres que, de otro modo, hemos hecho más totalmente nuestros. Un arreglo muy insatisfactorio, pero confío en que algún día conseguiremos mejorarlo.
El odio podemos conseguirlo. La tensión de los nervios humanos en medio del ruido, el peligro y la fatiga les hace propensos a cualquier emoción violenta, y sólo es cuestión de guiar esta susceptibilidad por los conductos adecuados. Si su conciencia se resiste, atúrdele. Déjale decir que siente odio no por él, sino en nombre de las mujeres y los niños, y que a un cristiano le dicen que perdone a sus propios enemigos, no a los de otras personas. En otras palabras, déjale considerarse lo bastante identificado con las mujeres y los niños como para sentir odio en su nombre, pero no lo bastante identificado como para considerar a los enemigos de éstos como propios y, en consecuencia, como merecedores de su perdón.

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