viernes, 21 de julio de 2017

"San Lorenzo de Brindis cultivó una vida espiritual de fervor excepcional, dedicando mucho tiempo a la oración y de modo especial a la celebración de la santa misa" Benedicto XVI

BENEDICTO XVI
AUDIENCIA GENERAL
Plaza de San Pedro
Miércoles 23 de marzo de 2011
 
San Lorenzo de Brindis



Queridos hermanos y hermanas:
Recuerdo aún con alegría la acogida festiva que me reservaron en 2008 en Brindis, la ciudad donde nació, en 1559, un insigne doctor de la Iglesia, san Lorenzo de Brindis, nombre que Giulio Cesare Rossi asumió al entrar en la Orden de los capuchinos. Desde la infancia se sintió atraído por la familia de san Francisco de Asís. De hecho, huérfano de padre a los siete años, fue encomendado por su madre a los cuidados de los frailes conventuales de su ciudad. Algunos años después, sin embargo, se trasladó con su madre a Venecia, y precisamente en el Véneto conoció a los capuchinos, quienes en aquel tiempo se habían puesto generosamente al servicio de toda la Iglesia para incrementar la gran reforma espiritual impulsada por el concilio de Trento. En 1575 Lorenzo, con la profesión religiosa, se convirtió en fraile capuchino y en 1582 fue ordenado sacerdote. Ya durante los estudios eclesiásticos mostró las eminentes cualidades intelectuales de las que estaba dotado. Aprendió fácilmente las lenguas antiguas, como el griego, el hebreo y el siriaco, y las modernas, como el francés y el alemán, que se añadían al conocimiento de la lengua italiana y de la latina, que en esa época se hablaba con fluidez entre los eclesiásticos y los hombres de cultura.
Gracias al dominio de tantos idiomas Lorenzo pudo realizar un intenso apostolado entre diversas clases de personas. Predicador eficaz, conocía de modo tan profundo no sólo la Biblia, pero también la literatura rabínica, que los propios rabinos se quedaban asombrados y admirados, y le manifestaban estima y respeto. Teólogo versado en la Sagrada Escritura y en los Padres de la Iglesia, era capaz de ilustrar de modo ejemplar la doctrina católica también a los cristianos que habían adherido a la Reforma, sobre todo en Alemania. Con su exposición clara y serena, mostraba el fundamento bíblico y patrístico de todos los artículos de fe puestos en discusión por Martín Lutero. Entre ellos el primado de san Pedro y de sus sucesores, el origen divino del episcopado, la justificación como transformación interior del hombre y la necesidad de las buenas obras para la salvación. El éxito alcanzado por Lorenzo nos ayuda a comprender que también hoy, al proseguir con gran esperanza el diálogo ecuménico, la confrontación con la Sagrada Escritura, leída en la Tradición de la Iglesia, constituye un elemento irrenunciable y de fundamental importancia, como recordé en la exhortación apostólica Verbum Domini (n. 46).

Síntesis del Catecismo en breves preguntas y respuestas


Síntesis del Catecismo en preguntas
- PRÓLOGO
- PRIMERA PARTE: LA PROFESIÓNDE FE
- PRIMERA SECCIÓN: "CREO" -"CREEMOS"
- CAP. I: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
- CAP. II: DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE
- CAP. III: LA RESPUESTA DEL HOMBRE A DIOS
- SEGUNDA SECCIÓN: LA PROFESIÓNDE LA FE CRISTIANA
- CAP. I: CREO EN DIOS PADRE
- CAP. II: CREO EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS
- CAP. III: CREO EN EL ESPIRITU SANTO
- SEGUNDA PARTE: LA CELEBRACIÓNDEL MISTERIO CRISTIANO
- PRIMERA SECCIÓN: LA ECONOMÍASACRAMENTAL
- CAP. I: EL MISTERIO PASCUAL EN EL TIEMPO DE LA IGLESIA
- CAP. II: LA CELEBRACIÓNSACRAMENTAL DEL MISTERIO PASCUAL
- SEGUNDA SECCIÓN: LOS SIETE SACRAMENTOS DE LA IGLESIA
- CAP. I: LOS SACRAMENTOS DE LA INICIACIÓNCRISTIANA
- CAP. II: LOS SACRAMENTOS DE CURACIÓN
- CAP. III: LOS SACRAMENTOS AL SERVICIO DE LA COMUNIDAD
- CAP. IV: OTRAS CELEBRACIONES LITÚRGICAS
- TERCERA PARTE: LA VIDA EN CRISTO
- PRIMERA SECCIÓN: LA VOCACIÓNDEL HOMBRE, LA VIDA EN EL ESPÍRITU
- CAP. I: LA DIGNIDAD DE LA PERSONA HUMANA
- CAP. II: LA COMUNIDAD HUMANA
- CAP. III: LA SALVACIÓNDE DIOS: LA LEY Y LA GRACIA
- SEGUNDA SECCIÓN: LOS DIEZ MANDAMIENTOS
- CAP. I: "AMARÁSAL SEÑOR TU DIOS CON TODO TU CORAZÓN, CON TODA TU ALMA Y CON TODAS TUS FUERZAS"
- CAP. II: AMARÁSA TU PRÓJIMO COMO A TI MISMO
- CUARTA PARTE: LA ORACIÓNEN LA VIDA CRISTIANA
- PRIMERA SECCIÓN: LA ORACIÓNEN LA VIDA CRISTIANA
- CAP. I: LA REVELACIÓNDE LA ORACIÓN. LA LLAMADA UNIVERSAL A LA ORACIÓN
- CAP. II: LA TRADICIÓNDE LA ORACIÓN
- CAP. III: LA VIDA DE ORACIÓN
- SEGUNDA SECCIÓN: LA ORACIÓNDEL SEÑOR: "PADRE NUESTRO"

1.- ¿Qué es el catecismo?
Es un don de Dios y de la Iglesia a todos los cristianos y hombres de buena voluntad.
2.- ¿Por qué se llama de la Iglesia universal?
Porque vale para todos los fieles católicos en cualquier parte del mundo.

PRÓLOGO
3.- ¿De qué trata el catecismo?
De cuatro cosas (13).
4.- ¿Cuáles son?
Primera, lo que debemos creer o el credo; segunda, lo que debemos celebrar o la liturgia; tercera, cómo debemos vivir o los mandamientos; y cuarta, cómo debemos orar o el padrenuestro.

PRIMERA PARTE: LA PROFESIÓNDE FE
PRIMERA SECCIÓN: "CREO" -"CREEMOS"
CAPÍTULO PRIMERO: EL HOMBRE ES "CAPAZ" DE DIOS
5.- ¿Qué significa creer?
Creer es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él(26).
6.- ¿Por qué el hombre puede responder a Dios?
Porque el hombre es un ser religioso por naturaleza y vocación(44).
7.- ¿Qué quiere decir que es religioso?
Que el hombre está hecho para vivir en amistad con Dios, en quien encuentra su felicidad (45).
8.- ¿Qué quiere decir por naturaleza?
Que el hombre puede conocer a Dios por la luz natural de la razón(36).
9.- ¿Qué quiere decir por vocación?
Que el hombre es llamado por Dios para que le conozca y le ame (27).
10.- ¿Podemos los hombres hablar de Dios?
Sí, podemos, por medio de nuestro lenguaje humano, por muy imperfecto que sea (48).
11.- ¿Por qué los cristianos debemos hablar de Dios?
Porque sin Dios, la vida del hombre no tiene sentido (49).

CAPÍTULO SEGUNDO: DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

jueves, 20 de julio de 2017

Principios no negociables - Benedicto XVI

DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS PARTICIPANTES EN UNAS JORNADAS DE ESTUDIO
SOBRE EUROPA ORGANIZADAS
POR EL PARTIDO POPULAR EUROPEO


Jueves 30 de marzo de 2006


Honorables parlamentarios;
distinguidos señores y señoras: 
Me complace recibiros con ocasión de las jornadas de estudio sobre Europa, organizadas por vuestro grupo parlamentario. Los Romanos Pontífices han prestado siempre una atención particular a este continente, como lo demuestra esta audiencia, que se inserta en la larga serie de encuentros mantenidos entre mis predecesores y los movimientos políticos de inspiración cristiana. Agradezco al honorable señor Pöttering las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre, y lo saludo cordialmente a él y a todos vosotros. 
En la actualidad, Europa debe afrontar cuestiones complejas, de gran importancia, como el crecimiento y el desarrollo de la integración europea, la definición cada vez más precisa de una política de vecindad dentro de la Unión, y el debate sobre su modelo social. Para alcanzar estos objetivos, será importante inspirarse, con fidelidad creativa, en la herencia cristiana que ha contribuido en gran medida a forjar la identidad de este continente. Valorando sus raíces cristianas, Europa podrá dar una dirección segura a las opciones de sus ciudadanos y de sus pueblos, fortalecerá su conciencia de pertenecer a una civilización común y alimentará el compromiso de todos de afrontar los desafíos del presente con vistas a un futuro mejor.
Por tanto, me complace que vuestro grupo reconozca la herencia cristiana de Europa, que ofrece valiosas directrices éticas en la búsqueda de un modelo social que responda adecuadamente a las exigencias de una economía ya globalizada y a los cambios demográficos, garantizando crecimiento y empleo, protección de la familia, igualdad de oportunidades en la educación de los jóvenes y solicitud por los pobres.
Además, vuestro apoyo a la herencia cristiana puede contribuir significativamente a vencer la cultura, tan difundida en Europa, que relega a la esfera privada y subjetiva la manifestación de las propias convicciones religiosas. Las políticas elaboradas partiendo de esta base no sólo implican el rechazo del papel público del cristianismo; más generalmente, excluyen el compromiso con la tradición religiosa de Europa, que es muy clara, a pesar de las diversas confesiones, amenazando así a la democracia misma, cuya fuerza depende de los valores que promueve (cf. Evangelium vitae, 70).

miércoles, 19 de julio de 2017

Cartas del diablo a su sobrino XIII - C.S. Lewis


XIII
Mi querido Orugario:
Me parece que necesitas demasiadas páginas para contar una historia muy simple. En resumidas cuentas, que has dejado que ese hombre se te escurra entre los dedos de la mano. La situación es muy grave, y, realmente, no veo motivo alguno por el que debiera tratar de protegerte de las consecuencias de tu ineficiencia. Un arrepentimiento y una renovación de lo que el otro llama "gracia" de la magnitud que tú mismo describes, suponen una derrota de primer orden. Equivale a una segunda conversión... y, probablemente, más profunda que la primera.
Como debieras saber, la nube asfixiante que te impidió atacar al paciente durante el paseo de regreso del viejo molino es un fenómeno muy conocido. Es el arma más brutal del Enemigo, y generalmente, aparece cuando Él se hace directamente presente al paciente, bajo ciertas formas aún no completamente clasificadas. Algunos humanos están permanentemente envueltos en ella, y nos resultan, por tanto, totalmente inaccesibles.
Y ahora veamos tus errores. En primer lugar según tú mismo dices, permitiste que tu paciente leyera un libro del que realmente disfrutaba, no para que hiciese comentarios ingeniosos a costa de él ante sus nuevos amigos, sino meramente porque disfrutaba de ese libro. En segundo lugar, le permitiste andar hasta el viejo molino y tomar allí el té: un paseo por un campo que realmente le gusta, y encima a solas. En otras palabras: le permitiste dos auténticos placeres positivos. ¿Fuiste tan ignorante que no viste el peligro que entrañaba esto? Lo característico de las penas y de los placeres es que son inequívocamente reales y, en consecuencia, mientras duran, le proporcionan al hombre un patrón de la realidad. Así, si tratases de condenar a tu hombre por el método romántico —haciendo de él una especie de Childe Harold o Werther, autocompadeciéndose de penas imaginarias—, tratarías de protegerle, a cualquier precio, de cualquier dolor real; porque, naturalmente, cinco minutos de auténtico dolor de muelas revelarían la tontería que eran sus sufrimientos románticos, y desenmascararían toda tu estratagema. Pero estabas intentando hacer que tu paciente se condenase por el Mundo, esto es, haciéndole aceptar como placeres la vanidad, el ajetreo, la ironía y el tedio costoso. ¿Cómo puedes no haberte dado cuenta de que un placer real era lo último que debías permitirle? ¿No previste que, por contraste, acabaría con todos los oropeles que tan trabajosamente le has estado enseñando a apreciar? ¿Y que el tipo de placer que le dieron el libro y el paseo es el más peligroso de todos? ¿Que le arrancaría la especie de costra que has ido formando sobre su sensibilidad, y le haría sentir que está regresando a su hogar, recobrándose a sí mismo?

martes, 18 de julio de 2017

Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el Sagrario 10 - Está esperando que le dejen entrar - San Manuel González García

El CORAZÓN DE JESÚS ESTÁ 
ESPERANDO QUE LOS SUYOS LE DEJEN ENTRAR
Vino a su casa y los suyos no le recibieron
(Jn 1,11)



De unas palabras del Evangelista san Juan he deducido que una de las ocupaciones del Corazón de Jesús en el Sagrario es esperar que los suyos le dejen entrar.
¿Recordáis aquellas palabras: Vino a su casa y los suyos no le recibieron?
Yo os invito, almas heridas del abandono del Sagrario, a que os detengáis un momento en esas palabras.
¿Cuáles son esas posesiones a que vino el Verbo hecho carne? Esas posesiones son la tierra. «Del Señor es la tierra y su plenitud... y todos los que la habitan» (3 Sal 23.)
Posesiones suyas son, pues, todos los pueblos de la tierra y todas las casas de esos pueblos y todos los moradores de esas casas.
Todo eso es Casa del Señor. Los demás amos de la tierra más que amos son inquilinos de Dios.
Y quiso Dios, lleno de bondad, de generosa delicadeza, visitar a sus inquilinos de la tierra. ¡Tenía tantas ganas de estar cerca de ellos! ¡Les hacía tanta falta esa visita!
¡Entre el demonio y el pecado los habían dejado tan desastrosamente perdidos y arruinados!
Y el que era Señor y Dominador universal, se hizo Peregrino del Amor y se puso a llamar a las puertas de las casas de la tierra...
¡Qué pena, Dios mío, que después de ese delicioso «Vino a los suyos» haya tenido que escribir el Evangelista el tristísimo, el desolador «y los suyos no le recibieron»!
El Peregrino del Amor se puso primero a llamar a las puertas del pueblo donde se dignó nacer como hombre y dice el Evangelista que para Él no había sitio.
Y desde esa primera puerta que no lo deja entrar, ¡cuántas se le cierran en su vida mortal y de Sagrario!
De cuántas asambleas, escuelas y hogares desde entonces hasta ahora, se ha podido escribir como de la posada de Belén: ¡No hay sitio para Jesucristo! Desde entonces hasta ahora, ¡cuántos hombres se pasan la vida escribiendo en la puerta de sus almas con sus obras y muchos hasta con sus palabras: ¡No hay sitio!
Y ¡si eso lo hicieran sólo los que no lo conocen!
Pero, ¡Jesús mío, Peregrino del Amor desairado!, ¿tan abiertas te tenemos las puertas los que te conocemos y los que sabemos que estás llamando?

lunes, 17 de julio de 2017

"Somos víctimas del estado de nuestra época y debemos sacrificarnos porque nuestra época vuelva a Dios." Beatas Carmelitas Mártires de Compiégne



La reforma teresiana del Carmelo se aceptó en Francia en 1604. En 1641 la señora de Louvancourt fundó en dicho país el quincuagésimo tercer convento de la orden, en Compiégne y aquella casa se distinguió, desde el primer momento, por su estricta observancia.

La Revolución Francesa estalló en 1789. A principios del año siguiente, las comunidades religiosas fueron suprimidas, excepto las que estaban dedicadas a la enseñanza o al cuidado de los enfermos. En agosto, se llevó a cabo la "visita" del convento de las carmelitas de Compiégne, cuyos bienes fueron confiscados y las religiosas con vestimentas civiles, fueron expulsadas del convenio. Fuera del claustro, se dividieron en cuatro grupos al mando, respectivamente, de la superiora, la vicesuperiora, la maestra de novicias y una religiosa profesa. Los grupos se separaron y cada uno se hospedó en una casa diferente, cerca de la iglesia de San Antonio. En cuanto era posible en aquellas circunstancias, las religiosas observaron la regla y llevaron vida de comunidad. Los grupos estaban en contado constante unos y otros, con la discreción necesaria para evitar que las sorprendiesen. A pesar de todas las precauciones, en junio de 1794 las autoridades hicieron una visita de inspección a las cuatro casas y detuvieron a todas las monjas bajo la acusación de que continuaban, ilegalmente, su vida de comunidad, lo cual constituía una conspiración contra la República. Con ellas fue arrestado Moulot de la Ménardiére por haberles prestado auxilio. Las religiosas fueron encarceladas en el antiguo convento de la Visitación de Compiégne. En el otro extremo del mismo edificio habían sido encarceladas, desde octubre del año anterior, las benedictinas inglesas de Cambrai. En 1795 se permitió que éstas regresaran a Inglaterra y se llevaran las ropas que las carmelitas habían usado en Compiégne. Por esa razón se conservan muchas reliquias (como las de Stanbrook, Darlington, Lanherne, Chichester, Culton, Nueva Subiaco y Nueva Gales del Sur) y además, los datos sobre ellas registrados en los archivos de la abadía de Stanbrook, que fueron de extraordinaria utilidad cuando se ofrecieron como testimonio en el proceso de beatificación de las carmelitas.

domingo, 16 de julio de 2017

INSTRUCCIÓN DIGNITAS PERSONAE - CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE

CONGREGACIÓN PARA LA DOCTRINA DE LA FE
INSTRUCCIÓN

DIGNITAS PERSONÆ

SOBRE ALGUNAS CUESTIONES DE BIOÉTICA


INTRODUCCIÓN

1. A cada ser humano, desde la concepción hasta la muerte natural, se le debe reconocer la dignidad de persona. Este principio fundamental, que expresa un gran “sí” a la vida humana, debe ocupar un lugar central en la reflexión ética sobre la investigación biomédica, que reviste una importancia siempre mayor en el mundo de hoy. El Magisterio de la Iglesia ya ha intervenido varias veces, para aclarar y solucionar problemas morales relativos a este campo. De particular relevancia en esta materia ha sido la Instrucción Donum vitæ.[1]La celebración de los veinte años de su publicación ofrece una buena oportunidad para poner al día tal documento.
La enseñanza de dicha Instrucción conserva intacto su valor tanto por los principios que allí se recuerdan como por los juicios morales expresados. Sin embargo, las nuevas tecnologías biomédicas, introducidas en este ámbito delicado de la vida del ser humano y de la familia, provocan ulteriores interrogantes, en particular, dentro del sector de la investigación sobre los embriones humanos, del uso para fines terapéuticos de las células troncales (o células madre), y en otros campos de la medicina experimental. Esto ha planteado nuevas preguntas que requieren una respuesta. La rapidez de los progresos científicos y la difusión que se les da en los medios de comunicación social provocan esperanza y perplejidad en sectores cada vez más vastos de la opinión pública. Para reglamentar jurídicamente los problemas que van surgiendo a menudo se apela a los cuerpos legislativos e incluso a la consulta popular.
Estas razones han llevado a la Congregación para la Doctrina de la Fe a publicar una nueva Instrucción de naturaleza doctrinal, que afronta algunos problemas recientes a la luz de los criterios enunciados en la Instrucción Donum vitæ y reexamina otros temas ya tratados que necesitan más aclaraciones.
2. En la realización de esta tarea se han tenido siempre presentes los aspectos científicos correspondientes, aprovechando los estudios llevados a cabo por la Pontificia Academia para la Vida y las aportaciones de un gran número de expertos, para confrontarlos con los principios de la antropología cristiana. Las Encíclicas Veritatis splendor [2]y Evangelium vitæ [3]de Juan Pablo II, y otras intervenciones del Magisterio, ofrecen indicaciones claras acerca del método y del contenido para el examen de los problemas considerados.
En el variado panorama filosófico y científico actual es posible constatar de hecho una amplia y calificada presencia de científicos y filósofos que, en el espíritu del juramento de Hipócrates, ven en la ciencia médica un servicio a la fragilidad del hombre, para curar las enfermedades, aliviar el sufrimiento y extender los cuidados necesarios de modo equitativo a toda la humanidad. Pero no faltan representantes de los campos de la filosofía y de la ciencia que consideran el creciente desarrollo de las tecnologías biomédicas desde un punto de vista sustancialmente eugenésico.
3. Al proponer principios y juicios morales para la investigación biomédica sobre la vida humana, la Iglesia Católica se vale de la razón y de la fe, contribuyendo así a elaborar una visión integral del hombre y de su vocación, capaz de acoger todo lo bueno que surge de las obras humanas y de las tradiciones culturales y religiosas, que frecuentemente muestran una gran reverencia por la vida.
El Magisterio quiere ofrecer una palabra de estímulo y confianza a la perspectiva cultural que ve la ciencia como un precioso servicio al bien integral de la vida y dignidad de cada ser humano. La Iglesia, por tanto, mira con esperanza la investigación científica, deseando que sean muchos los cristianos que contribuyan al progreso de la biomedicina y testimonien su fe en ese ámbito. Además desea que los resultados de esta investigación se pongan también a disposición de quienes trabajan en las áreas más pobres y azotadas por las enfermedades, para afrontar las necesidades más urgentes y dramáticas desde el punto de vista humanitario. En fin, quiere estar presente junto a cada persona que sufre en el cuerpo y en el espíritu, para ofrecerle no solamente consuelo, sino también luz y esperanza. Luz y esperanza que dan sentido también a los momentos de enfermedad y a la experiencia de la muerte, que pertenecen de hecho a la vida humana y caracterizan su historia, abriéndola al misterio de la Resurrección. La mirada de la Iglesia, en efecto, está llena de confianza, porque «la vida vencerá: ésta es para nosotros una esperanza segura. Sí, la vida vencerá, puesto que la verdad, el bien, la alegría y el verdadero progreso están de parte de la vida. Y de parte de la vida está también Dios, que ama la vida y la da con generosidad».[4]

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